los #hermanitos se reacomodan

Bicicleta VS Tráfico: las ruedas de la libertad

Christian Reynoso

Publicado: 2018-10-10

Desde hace año y medio me desplazo por la ciudad en bicicleta, en mi fiel montañera. Ha sido la decisión más inteligente y efectiva que he podido tomar frente al apabullante tráfico que, en ciudades como Lima, es desgastante, ensordecedor y crítico no solo en las horas punta, sino a toda hora. Lima es una de las diez peores ciudades de América Latina para conducir ―léase autos― y en la que el tráfico es más lento, según estudios hechos en los últimos años. 

Cada día, de lunes a viernes, recorro un promedio de setenta y cinco cuadras, en aproximadamente cincuenta minutos, desplazamiento que, en auto particular o en el transporte público significan, en el mejor de los casos, una hora y cuarenta. Es de esta manera como me he visto libre del estrés del tráfico, de las largas e interminables esperas en los cruces de las avenidas troncales, del lento avanzar —metro a metro— de autos y buses, de los bocinazos y gritos, de las frenadas intempestivas para atenuar la velocidad con la que los conductores intentan ganar las avenidas y calles, de los apretujamientos que se puede sufrir en el transporte público. La lista podría seguir. Pero, sobre todo, el uso de la bicicleta me ha permitido dejar de sentir aquella insatisfacción de saber que echo mi tiempo por la borda, ese tiempo irrecuperable que se va de la manera más absurda mientras se espera sin hacer nada. Y que a mí me produce ansiedad.

Aunque montar bicicleta trae también otros beneficios, estos no son para mí lo esencial. Por ejemplo, el ejercicio físico que, de cualquier forma, favorece a una mejor salud; o la contribución que se puede hacer a las causas ecológicas. De cualquier manera, para mí lo importante es la practicidad y la sensación de libertad. El libre albedrío en mis manos y piernas mientras ruedo sobre la bicicleta, yendo y viniendo, hacia donde desee o hacia donde tenga que ir. Si bien, es necesario estar sumamente atento a cualquier imponderable, bicicletear también permite pensar, deliberar con uno mismo y tomar decisiones, además de conocer la ciudad de una manera más curiosa, tanto de día como de noche.

Desde luego, montar bicicleta también tiene sus riesgos, especialmente si no existen las suficientes ciclovías, o solo existen en determinadas zonas, lo que obliga, sin más remedio, a lanzarse a las pistas. En ese maremágnum es posible ser embestido por algún vehículo o motocicleta, o sufrir la irresponsabilidad de algún conductor que no siempre respeta las leyes de tránsito o se zurra en el derecho de preferencia, o uno mismo terminar atropellando a los peatones que aparecen, de pronto, a media pista, motivados por el apuro o la ociosidad de tener que ir a los pasos de peatón de las esquinas.

No obstante los pros y los contras, es insustituible la practicidad que otorga la bicicleta frente al tráfico, además de la sensación de libertad ya descrita. A eso podemos añadir el ahorro que se consigue por el uso de la bicicleta —adiós buses, adiós taxis—, aunque sí habrá que invertir en el mantenimiento, en los implementos, en las luces, en las gomas de los frenos, en los ejes descentrados de las llantas debido a los baches, en fin… es necesario también identificar los talleres de reparación que haya en la ruta por la que usualmente se va para cualquier contingencia.

Publicado en Los Andes (Arequipa). 7/10/18


Escrito por

Christian Reynoso

Escritor y periodista peruano. Magíster en Literatura Hispanoamericana. Ha publicado: "El rumor de las aguas mansas" y "Febrero lujuria".


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