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Picoteos: cuentos de un fotógrafo

Christian Reynoso

Publicado: 2019-01-10

Un feliz año 2019 a mis lectores y lectoras. Comienzo este año con un breve cuento inédito. 

Dos palomas.

Una de color café y otra de color gris se encuentran sobre la cornisa de una casa al caer el sol en Jesús María. Otto las mira desde su balcón. Agitan las alas y levantan los picos con suavidad. Conversan. De tanto en tanto se yerguen en un gesto altanero y, con el pecho inflado, dan vueltas en rededor, picoteándose sus propias alas.

De pronto, estiran los cuellos para ver pasar el vuelo de una bandada de pájaros pequeños, acaudalados, liberales, alocados, que vienen de la iglesia San José con dirección hacia la azotea del hospital Rebagliati.

Los miran. Les hacen adiós con las alas.

Más tarde aparece una mariposa de alas verdinaranjas, solitaria y amanerada. Pasa una y otra vez delante de ellas. Llama su atención, invitándolas a volar tras ella, regalona, tal vez en un afán lésbico.

Las palomas la miran con desprecio. Se voltean, prefieren el picoteo y el manoseo entre ellas. Vuelven a la entrega mutua y de cuerpo entero. Hay ruido y honestidad.

La mariposa no se da por vencida, agita las alas con frenesí, y en una actitud más osada se atreve, se arriesga, se acerca mucho más a ellas, sin lograr concitar su interés. Por último, se aleja, sudorosa, llevada por la corriente de un cálido viento. Es evidente que el sopor del atardecer la pone más caliente. Regresará sin más remedio a sus gallinazos en las parabólicas de los edificios de la avenida Arequipa.

Las palomas descansan de su afiebrado picoteo.

Se sientan sobre sus patitas, como si fueran gallinas a punto de empollar. Cierran los ojos de vez en cuando: quieren aletargarse con los últimos rayos del sol y sumirse en un profundo sueño.

Es entonces cuando llega el momento de instalar el trípode y la Canon en mi balcón. Piso trece.

Enfoco con cuidado, acerco el zoom hasta aproximarme a ellas, despacio, vuelvo a enfocar, me concentro en la paloma café, programo la opción de fotografía en serie de cinco y apretó el disparador.

Luego me concentro en la paloma gris.

Como si se hubiera dado cuenta de que alguien la escudriña desde algún lugar, se levanta nerviosa, mira a todos lados, se eriza y mueve el cuello para arriba y para abajo en concordancia con su cuerpo.

Adivino que se alista para levantar vuelo. Enfoco y apretó el disparador. Repito la serie de cinco fotografías. Capto su ascenso, el primer aleteo, grande y fuerte; y los siguientes: continuados y rápidos. La mirada fija en el horizonte. El pico hacia arriba, imponente. Es el vuelo de su libertad.

La paloma café se queda quieta. Parece no importarle la partida de su compañera. No se permite interrumpir el goce posterior de su orgasmo. La felicidad en sus manos. Su perfil derecho, que observo a través de mi lente, expresa placidez y un canto de inocencia.

Se duerme teniendo el mundo a sus pies.

Las lentejuelas de su cartera y minifalda, y las botas acharoladas de taco alto, brillan con el sol que se va: intensas, coloridas, provocativas, perturbadoras. (2010).

Publicado en Los Andes (Arequipa) 6/1/2019.


Escrito por

Christian Reynoso

Escritor y periodista peruano. Magíster en Literatura Hispanoamericana. Ha publicado: "El rumor de las aguas mansas" y "Febrero lujuria".


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