la naranja está partida

Noche beatle en el Perú

Christian Reynoso

Publicado: 2019-05-21

Hace ocho años, el 9 de mayo de 2011, el legendario beatle Paul McCartney ofreció su primer concierto en el Perú. La crónica que sigue la escribí entonces con el cometido de que cada vez que quisiera recordar ese maravilloso concierto solo tendría que leerla. 

“Que viva el Perú caurajo”, dijo Paul McCartney, después de su tercera canción. Y las 48 mil personas que estaban frente a él, incluyéndome, aplaudimos, gritamos, reímos y nos emocionamos. Sí, el beatle McCartney estaba por fin en Lima, en el estadio Monumental, como parte de su gira “Up and coming tour 2011”.

Y el sueño empezó.

Sensación de vértigo y mariposas volando alrededor. Ojos aguados. Lágrimas a punto de caer. Corazón palpitante. Borrachera musical, mareación beatle, nostalgia con recuerdo en blanco y negro de The Beatles tocando en el Ed Sullivan Show. Imaginación impaciente de saber que en las siguientes horas escucharíamos, tocadas y cantadas de la propia boca de un beatle, todas esas canciones oídas miles de veces en vinil, cassette y luego en compact disc, como “Yesterday”, “Let it be”, “Get back”, “And I love her”, y tantas otras.

¿Sabes lo que eso significa, Michelle?

El público empezó a hacer olas, coreando “ooole, ole, ole, oleee… Paaaul, Paaaul” [bis] desde la tribuna oriente, pasando por la norte y terminando en la de occidente y vuelta a empezar. Y Paul hizo con las manos un gesto de decir “¿dónde me he metido?”. Quizá todavía no era consciente de que estaba en este nuestro país al que llegaba por primera vez. Y ahí estaban los “peruanos y peruanas” sintiéndose como nunca antes más beatles que peruanos.

Cada acorde, cada palabra pronunciada en español por McCartney, encendía la chispa de los asistentes. Ojalá, nunca tendría que terminarse este concierto, me dijo el niño que estaba a mi lado cantando todas las canciones, mientras Paul tocaba “Obladi Oblada”. Su madre, más allá, me sonrió sacando de su bolso un gigantesco poster de McCartney para desdoblarlo y levantarlo al cielo y ser feliz. No llevé cámara fotográfica ni de video, para entregarme de lleno al concierto.

No importa, Michelle.

Mi recuerdo más preciado está en estas palabras y en las imágenes que mi mente ha recreado estos días, a una semana del concierto, y que seguramente seguirá haciéndolo hasta quién sabe cuándo. Sé que cada vez que vuelva a leer esto esa noche regresará a mí como un torrente. Me acordaré de las canciones y los gestos de McCartney, esos mismos que hacía cuando era chiquillo en video en blanco y negro y luego en dibujo animado a colores. Me acordaré que mientras coreaba las canciones, creía que no sólo Paul estaba en el escenario sino los cuatro beatles.

McCartney no sólo es un beatle sino un músico profesional con el carisma propio de un gentleman inglés. Estas cualidades le permitieron esa noche mantener en vilo a 48 mil personas, llevándonos a un viaje musical inimaginable. Interpretó canciones de la época de The Beatles, de Wings ―la banda formada por él después de la separación del grupo―, y de su repertorio como solista.

El concierto se tornó en una polifonía de cambios musicales y McCartney intercaló, según lo requería las canciones, su “beatle bass” Hofner con su guitarra Ephifone que usa desde el tiempo de The Beatles, para luego colgarse una mandolina, un ukulele y finalmente, sentarse al piano y tocar, entre otras, “Yesterday” y “Hey Jude”, esta última con un apasionado coro de 48 mil voces. “Naaaa, naaa, naa, naranana, naranana, hey Jude” [bis].

Sí, así como te lo canto, Michelle.

Paul recordó a Lennon con “Here today” y a Harrison con “Something”. Ringo quedó rezagado. Hubo magia con “Band on the run” y ganas de pogear y mover los cabellos con la explosiva y pirotécnica “Live and let die”. También se dio tiempo para improvisar con la guitarra, a la que se sumó la percusión, el acompañamiento al “ooole, ole, ole, oleee” [bis] que gritábamos a todo pulmón. Ondeó las banderas de Perú e Inglaterra y volvió a carajear con su ¡viva el Perú!

Ahora, el concierto de McCartney no es más que un recuerdo. Pero acaso sea uno de esos que quedan grabados para siempre en el fuero interno e incluso en la epidermis como un tatuaje. Somos afortunadas las personas que pudimos asistir esa noche a ver a un beatle. Quizá en Europa y Estados Unidos sea más corriente hacerlo, pero en Sudamérica no todos los días hay esa oportunidad. De seguro, serán muchos y muchas quienes se habrán lamentado a última hora, no haber podido asistir.

Michelle, si tú hubieras estado aquí, por supuesto que habrías ido.

A la salida del concierto, el taxista que me lleva a casa, me dice que cuando fue joven vio en vivo a Pelé y al torero español El cordobés. Hay en su rostro una expresión de revancha y rencor. No se quiere quedar atrás ante la llegada de McCartney. No ha podido verlo. “Ha sido un concierto para las clases altas”, dice. Luego cuenta que una mujer se ha quejado en Radio Programas del Perú, que su marido se ha gastado el sueldo del mes por ver a McCartney. ¿Y de qué comerán ahora? Sus razones habrá tenido el marido, ¿no?, concluye.

Fue el concierto más concurrido y caro en la historia del Perú. Según cifras oficiales de los organizadores, el concierto ha recaudado 8 millones de dólares. Las entradas costaron en promedio desde 300 hasta 700 y 2 mil soles, aparte de las de 4 mil soles con derecho a estar presente en la prueba de sonido y ver de cerca a Paul, como de hecho algunas muchachas lo hicieron.

¿Te hubiera gustado ser una de ellas, Michelle?

Sea como fuere, en Perú pudimos ver a un beatle y recibir de sus manos y voz, todas esas canciones presentes desde los años sesenta, resistiendo los clichés de moda y juntando a distintas generaciones. Ahora, después del concierto, nadie podrá quejarse ni decir que le devuelvan la entrada.

“Por eso, Michelle, ¿puedes imaginar que un beatle tocó en el Perú? Pues, sí, ese beatle fue Paul McCartney…”, es lo que imagino que podría decirle a una futura hija o nieta, que llevaría el nombre de esa canción beatle que para pena de tantos y tantas, esa noche no estuvo incluida en el repertorio.

Paul McCartney volvió al Perú en 2014, pero esa es otra historia.


Escrito por

Christian Reynoso

Escritor y periodista peruano. Autor de las novelas: "La tempestad que te desnuda", "El rumor de las aguas mansas" y "Febrero lujuria".


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