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Hitchcock, la culpa y la política peruana

Christian Reynoso

Publicado: 2019-08-13

Hoy, 13 de agosto, se cumplen doscientos años del nacimiento de Alfred Hitchcock, el cineasta inglés director de varias joyas del cine de suspenso. Vale la fecha para traer a mención algunas ideas del libro biográfico de Donald Spoto Alfred Hitchcock. La cara oculta del genio (1983), que leí hace varios años. 

Se cuenta de que el pequeño Alfred cuando tenía no más de seis años fue encarcelado por cinco minutos en la celda de la comisaría del barrio, por haber hecho algo que según su padre merecía un castigo. El mismo Alfred llevó la nota al oficial de servicio con la solicitud de su padre. El oficial le dijo: “Esto es lo que hacemos con los chicos malos” (p. 17). Este hecho que nunca se probó ni se desmintió, causó en el cineasta un trauma que lo llevó durante su vida a evitar cualquier circunstancia que pudiera significar el encierro y la cárcel. También apareció en sus películas a través del gran tema de la culpa.

Aquello que Hitchcock había hecho de niño (que es un dato escondido porque no se supo qué fue) le ocasionó una gran carga de culpabilidad que lo marcó de por vida. No por ello, se podría justificar el castigo del padre que a todas luces fue excesivo. Desde luego, hoy en día nadie mandaría a encerrar a un niño por cinco minutos en la celda de una comisaría por su mal comportamiento.

Así, la culpa ha sido un tema predominante en las películas de Hitchcock y, como afirma Spoto, él “compartía una intuición de que uno puede, en último análisis, liberarse de la corrupción tan solo a través de la culpabilidad… permaneciendo condenado y aceptando libremente el perdón y la redención o soportando el castigo y esperando una segunda oportunidad” (p. 22). Lo que lo hace diferente de un gran sector de la sociedad, porque se mantiene distante de “las corrientes dominantes de saludable despreocupación de nuestro tiempo” (p. 23), donde se insiste “en la negación de toda culpabilidad espiritual” (p. 23).

Es decir, asumir la culpa del mal comportamiento, del hecho corrupto y contaminado, para alcanzar el perdón y la segunda oportunidad, en vez de negarlo sistemáticamente. Tal vez una enseñanza que nos deja este gran cineasta y que hoy, en la coyuntura por la cual atraviesa nuestro país, se revela como necesaria.

La gran corrupción en la que están envueltos la mayoría de las y los políticos peruanos de todo nivel, y que a algunos de ellos los ha llevado a la cárcel de manera momentánea, tiene como característica fundamental la negación. Todos han negado haber recibido coimas, a pesar de las pruebas, y rechazan los cargos por los que se les investiga. En algunos casos, en su defensa hacen uso del poder que todavía conservan y, en otros, a través de los ardides judiciales. Así, la intuición aquella de Hitchcock que, entre líneas, nos enseña a ser dignos y aceptar los errores, no existe en el espectro mental de la política peruana. Allí todo está oscurecido por la infamia, la desvergüenza y el latrocinio. Una psicosis de país.


Escrito por

Christian Reynoso

Escritor y periodista peruano. Autor de las novelas: "La tempestad que te desnuda", "El rumor de las aguas mansas" y "Febrero lujuria".


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