la naranja está partida

Blanquiñosos y manifestantes: de Tía María a Aduviri

Christian Reynoso

Publicado: 2019-08-20

Durante el reciente conflicto de Tía María, un sector de arequipeños “blanquiñosos”, netos y urbanos, propalaron un video ―financiado por Southern Perú― en los medios de comunicación nacional y en hora punta, a favor de la actividad minera y en contra de los manifestantes del valle del Tambo. Estas diferencias entre unos y otros tuvieron su choque insalvable el 15 de agosto durante el tradicional corso que se realizó por el aniversario de la Ciudad Blanca. Hubo enfrentamientos e insultos de corte racista entre arequipeños que parecen no conocerse o más bien quieren desconocerse. 

En mayo de 2011, parecida situación se vivió en Puno. Cientos de pobladores de la zona sur llegaron a la ciudad, liderados por Walter Aduviri, en rechazo a la concesión del proyecto minero Santa Ana. Decidieron quedarse en las calles de la ciudad al menos una semana para hacer efectiva su protesta. Al inicio, los puneños “blanquiñosos” se solidarizaron con los manifestantes, pero luego la situación se tornó insostenible, a causa de las pérdidas económicas que cada día aumentaban (más de cien millones de dólares en los rubros de comercio y turismo) y la prepotencia de los manifestantes que empezaron a coaccionar a la población y a destruir la ciudad. Puno, prácticamente quedó sitiado y paralizado, mientras que el centro urbano colapsó. Finalmente, la violencia estalló los últimos días de mayo, con incendios, saqueos, heridos, quema de autos, ataques a los locales de Aduanas, Sunat y Gobernación, lo que se conoció como “El aymarazo”. Se evidenciaron así los contrastes urbano/rural.

Walter Aduviri fue denunciado y procesado, aunque luego su caso se archivó, antes de resultar elegido en las elecciones regionales de 2018, como gobernador regional de Puno. El triunfo se lo dio una amplia mayoría de votantes de la zona aymara en especial. Sin duda, su aymarazo y estilo confrontacional le sirvieron de plataforma para catapultarse como autoridad política. Otros dijeron que se había “moderado”.

Pero hace unos días Aduviri ha sido condenado a seis años de prisión efectiva por su responsabilidad en “El aymarazo”. Los días previos a la sentencia, Aduviri pasó a la clandestinidad y hoy se encuentra no habido. Su defensa y seguidores han dicho que se trata de una “persecución política”, desde luego, un argumento absurdo. En todo caso, es el mismo argumento que utilizan la gran mayoría de políticos hoy presos por actos de corrupción. Es el mismo argumento que, especialmente, los delincuentes fujimoristas utilizan para defenderse de las denuncias que recaen sobre ellos. Es pues lo más fácil de esbozar, pero los peruanos ya no somos tontos.

Esta distancia entre lo urbano y lo rural, este distinto modo de ver y leer la realidad del Perú, ocurre también desde la capital del país hacia “el interior”. El centralismo que opera en todos los niveles, caracterizado por la imposición de una cuota de poder que se gesta en el “centro”, y que asimismo ostenta una dosis de ignorancia y acaso desprecio por la “periferia” y viceversa. Por eso cuesta tanto poder llegar a acuerdos intermedios en una situación de conflictividad social. Parecería que cuando se trata de caminar juntos como peruanos, preferimos darnos las espaldas y desconocernos, pese a habernos dado la mano.


Escrito por

Christian Reynoso

Escritor y periodista peruano. Autor de las novelas: "La tempestad que te desnuda", "El rumor de las aguas mansas" y "Febrero lujuria".


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