es constitucional, no confundas

De chicuarotes al Guasón

Christian Reynoso

Publicado: 2019-10-08

Chicuarotes es la reciente película dirigida por el actor y director mexicano Gael García Bernal. Fue vista en Lima hace poco en el Festival de Cine de Lima PUCP y hoy está disponible en Polvos Azules. Joker o el Guasón es la reciente película dirigida por Todd Phillips que estos días está en cartelera y ha concitado el interés de los espectadores, como sucede en mayor o menor medida, cuando se trata de algún personaje del universo de los superhéroes y villanos. Como sabemos, el Guasón es uno de los enemigos de Batman. 

Chicuarotes como Joker tienen algo en común: el payaso villano. El antihéroe que, en ambos casos, termina por conmover y se gana el corazón de los espectadores, no porque sea payaso y haga reír, sino por la particular forma de rebelarse ante el mundo injusto en el que vive y tiene que arrastrar a diario. No obstante que para ello tenga de transgredir lo políticamente correcto.

Una de las primeras secuencias de Chicuarotes nos muestra a los protagonistas: Cagalera (Benny Emmanuel) y Moloteco (Gabriel Carbajal), dos adolescentes salidos de la periferia del DF mexicano que se ganan la vida vendiendo caramelos en los buses (nos recuerda tanto al Perú), vestidos de payasos. Sin embargo, ante la indiferencia de los pasajeros se produce la ruptura del orden y terminan asaltándolos con una pistola en mano. Es la respuesta rabiosa y desesperada ante una sociedad en la que ellos no tienen lugar. Pasan así del desaliento a la ofensiva. 

En Jocker vemos cómo Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), un hombre que se gana la vida como payaso publicitario, con aspiraciones de convertirse en un comediante, pero al mismo tiempo víctima de una enfermedad mental que se manifiesta en ataques de risa en situaciones tensas, es marginado una y otra vez por una sociedad hostil, que no comprende sus quiebres y ve en su risa una señal de descaro y ofensa. El cúmulo de estas circunstancias lo llevan a cometer un triple asesinato, en defensa propia. Será entonces el descubrimiento de su libertad, pero también el símbolo de un poder violento de alcance colectivo. 

Ambas películas y sus personajes nos hacen ver desde la ficción y sus puntos de vista una realidad que hoy resulta actual: el mundo del más fuerte y el del más débil, y la apatía entre ambos, que traza una línea divisoria insalvable. Así, la injusticia y por añadidura el deseo de alcanzar justicia, se convierten en hechos políticos que reclaman decisiones. Como no las hay o no son efectivas, entonces se toma la justicia por las propias manos. Tanto Cagalera y Moloteco, como el Guasón, representan esa posición. Sujetos subalternos que rompen el orden hegemónico y cuestionan la validez del statu quo, desde una forma particular que puede resultar condenable pero, al mismo tiempo, heroica e irónica, si tenemos en cuenta la risa y eterna felicidad ―por lo tanto eterna tristeza―, que es el mandato imperativo de todo payaso.



Escrito por

Christian Reynoso

Escritor y periodista peruano. Autor de las novelas: "La tempestad que te desnuda", "El rumor de las aguas mansas" y "Febrero lujuria".


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