Yo me quedo en casa

Un viaje al Salar de Uyuni

Christian Reynoso

Publicado: 2020-02-19

Primero de enero de 2020, La Paz, Bolivia. Sí que los bolivianos se toman en serio el feriado, luego del Año Nuevo. En el terminal no hay un solo bus que salga a lugar alguno. Un sin fin de viajeros, al igual que nosotros, esperan con caras mendigas que aparezca algún vehículo. Nuestro destino es el salar de Uyuni, a seis horas de La Paz, pero es imposible conseguir transporte. Recién por la tarde, un bus informal se estaciona en los alrededores del terminal. Alguien trae la noticia de que partirá a Oruro. A continuación, aparece el conductor para avisar sin aspavientos que el pasaje costará el doble de lo habitual. Los viajeros y nosotros corremos para ganar un asiento. Entre quedarnos en el terminal sin esperanza de conseguir un bus y aventurarnos, preferimos lo último. Después de todo, Oruro está en el camino a Uyuni. ¿No ve? 

Uyuni es un pueblo pequeño. Hemos llegado contra viento y marea cerca de las diez de la noche, desde Oruro. Hace frío y hay rastros de lluvia. En pos de buscar el hotel que hemos rastreado por Internet, atravesamos un mercadillo para luego llegar a la calle-alameda principal donde se concentran los restaurantes, las agencias de turismo y los hoteles. Algo parecido al ambiente de Copacabana.

Después de instalarnos salimos a comer. Lo que más abunda son las pizzas cocidas en hornos de barro, que ciertamente son deliciosas. Luego, gestionamos el tour para el día siguiente. El movimiento a esa hora es ruidoso. Los lugareños están acostumbrados a que los viajeros lleguen a cualquier hora.

Durante la noche se desata una lluvia infernal (lo que afectará la visibilidad del salar). Al día siguiente, iniciamos el tour instalados en una 4x4 junto con otros cinco pasajeros, una familia chilena. El conductor y guía nos dice que debemos alquilar botas de jebe para no estropear nuestros calzados ni mojarnos, a menos que deseemos caminar “patacalas” sobre el salar. Alquilamos las botas, realmente serán de gran utilidad.

El tour que dura todo el día empieza con la visita al cementerio de trenes. Unas decenas de trenes destartalados y oxidados que, a mediados del siglo XIX, fueron parte del ferrocarril que atravesaba la línea tripartita de Argentina, Chile y Bolivia con cobre, plata y oro, y que ahora se han vuelto un atractivo turístico. Allí nos encontramos con cientos de personas que también hacen el tour y con quienes nos cruzaremos durante el día. La gente trepa a los trenes y se fotografía.

El siguiente destino es la localidad de Colchani a 30 km de Uyuni. De allí, a 5 km estamos propiamente en (o sobre) el salar. Las 4x4 ruedan lentamente sobre la infinita plataforma de sal. La luz reverbera con intensidad y tenemos oportunidad de bajar en distintos lugares para caminar y admirar el salar. Como ha llovido, hay una capa de agua encima, sin embargo igual se disfruta de la novedad, los ojos de agua y los pequeños géiser. A ello se suma la forma caprichosa de las nubes y las diferentes gamas del azul del cielo que regalan vistas impresionantes en espejo con el salar.

Almorzamos en Playa Blanca, “el primer hotel de sal”, construido por iniciativa de Teodoro Colque Choquerive en 1992, con ayuda de la localidad y con el fin de impulsar el turismo. No imaginaron que el salar llegaría a ser uno de los destinos turísticos más visitados de Bolivia. Hoy, Teodoro tiene sesenta años.

A un costado de Playa Blanca se alza un promontorio con decenas de banderas de distintos países, como si se hubiera aterrizado en la luna. Más allá, se levanta un monumento adefesioso dedicado al Dakar, en razón de que en 2014 por allí cruzó la competencia, aunque estropeó el salar. Del almuerzo volvemos a la 4x4 para internarnos aún más sal adentro, para ver los espejos de agua y el atardecer, y hacer las famosas “fotos con perspectiva”. El frío arrecia, la lluvia vuelve, pero todos estamos contentos, algo mojados y sucios, y engolosinados de sal y más sal. ¿No ve?


Escrito por

Christian Reynoso

Escritor y periodista peruano. Autor de las novelas: "La tempestad que te desnuda", "El rumor de las aguas mansas" y "Febrero lujuria".


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