orgullosa por siempre

Bicicleteo por la campiña arequipeña

Christian Reynoso

Publicado: 2022-05-17

El recorrido empieza a las siete y treinta de la mañana a los pies del Tuturutu, en la plaza de Armas de Arequipa. La ciudad blanca todavía duerme, el sillar apenas despierta, el Misti bosteza para la jornada del domingo. Llego primero. Poco después aparecen Moisés y Pavel. Nuestras bicicletas se saludan también como viejas amigas de largos recorridos. El objetivo es llegar al distrito de Characato, pero no por la carretera habitual sino haciendo una vuelta por el centro poblado de Yumina. Pues, dicen ellos, es un recorrido más intenso, sobre pista, trocha, con cimas y pendientes, y el hermoso paisaje de la campiña.

Allí vamos. Aún el tráfico vehicular es distendido y pronto salimos del cercado por las avenidas Lambramani-Pizarro-Colón para llegar a Paucarpata-Sabandía y tomar el desvío a Yumina. Recorrido plano y pesadas pendientes que requieren más energía y cambiar a primera. Otros ciclistas vienen de regreso y algunos caballos en medio de la pista compiten con nuestras bicis. El paisaje verde de la campiña nos regala territorios de cultivo, andenería y aire limpio; al fondo, la ciudad blanca parece gris por la contaminación, y como señores patrones, los tres volcanes nos miran arrebatados.

En la placita de Yumina tomamos y nos aprovisionamos de botellas de chicha de jora del puesto de María Taco de Calderón, quien todos los sábados y domingos espera a los ciclistas. Es mejor tomar chicha que agua, dice. Y le creemos. Continuamos por una ruta de trocha para llegar a la carretera habitual y enrumbar a Characato. Allí, en la picantería, la cerveza obligada y el adobo que no resulta tan bueno como en Cayma. Llegan más ciclistas, pues de Characato se pueden hacer otras rutas distrito adentro. Antes de partir, visitamos la iglesia, pero salimos corriendo porque el párroco nos pregunta si queremos confesarnos.

De Characato nos internamos por un desvío para pasar por delante del turístico Molino de Sabandía. Luego, nos topamos con el río homónimo sin más opción que cruzarlo a duro pedaleo. Nuestras zapatillas quedan empapadas, pero lo hemos logrado. Arribamos, finalmente, a La Esmeralda en José Luis Bustamante y Rivero. Son las once y media. Las piernas queman. El regreso al centro de la ciudad se torna caótico. El tráfico es intenso y las ciclovías de las diferentes avenidas lucen con baches y con los bolardos destruidos. Apenas han implementado las ciclovías en noviembre de 2021, pero ni motos ni autos las respetan. Una pena.


Escrito por

Christian Reynoso

Escritor y periodista peruano. Autor de las novelas: "La tempestad que te desnuda", "El rumor de las aguas mansas" y "Febrero lujuria".


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