Conchudez que exacerba
Christian Reynoso
El hartazgo de la mayoría de peruanos frente al papel que vienen demostrando tanto presidenta, ministros, congresistas, alcaldes, autoridades judiciales, policía, se está exacerbando cada vez más. Nadie se salva. ¿Cuál será el punto límite? No lo sabemos. Los últimos fines de semana el cercado de Lima ha sido escenario de marchas y enfrentamientos entre la llamada Generación Z y los piquetes de policías. Pero también hay un buen número de ciudadanos indignados. Tal vez esta situación empiece a replicarse en las regiones. Un verdadero polvorín que deja heridos (por ahora), destrucción y sinsabor frente al rumbo que está tomando el país.
Las razones de esta debacle son conocidas. Podemos decir que tienen su raíz en la indolencia de los políticos, como por ejemplo los congresistas, quienes, antes que trabajar en los temas urgentes del país, se dedican a medrar del erario junto con sus asesores inútiles y no calificados (que ganan jugosos sueldos), o a legislar para su conveniencia. Mienten, se acomodan, terruquean, esquilman los recursos hasta más no poder con absoluta conchudez. Mientras se llenan los bolsillos, en el país la extorsión hace su reino, matan choferes, asaltan, violan y nos vamos a pique. Por eso, la rabia crece. Por eso, la nausea que producen los congresistas es más que vomitiva.
La presidenta Boluarte conchuda se sube el sueldo, miente, lee discursos en los que dibuja un Perú de fantasía, distante de lo que se vive en el día a día; ninguno de sus ministros tiene dignidad para decir algo: solo cuidan sus sueldos. Santiváñez censurado vuelve conchudazo a ser ministro. Quero conchudazo lava sus camisas sucias con dinero del Estado sin gastar de su propio dinero; el congresista Valer, conchudo, terruquea y escupe cuando es confrontado por un periodista valiente de Juliaca, que aboga por las víctimas asesinadas por el gobierno. La congresista Vásquez de la región San Martin, conchuda contrata a sus familiares sin calificación para labores parlamentarias. El alcalde López Aliaga conchudo amenaza de muerte a un periodista y no pasa nada, y otra vez conchudo inaugura una obra sin terminar y más conchudo pretende ser presidente del Perú. Canales, el alcalde matón de Miraflores, conchudo inaugura un puente millonario e insulso, mientras las avenidas Pardo y Benavides del distrito, de alta circulación, son cráteres: puro hueco y bache. Y los casos siguen ad infinitum.
Ante ello está surgiendo una nueva corriente de rechazo ciudadano que se acompaña de confrontación, como una forma de fluir la impotencia ante el abuso y la conchudez. Es habitual que políticos a sitio que vayan sean abucheados, encarados y retirados, sobre todo si hay tribuna ciudadana. Podría ser una forma de escrache político, pero veremos si más allá del clamor espontáneo puede llegar a ser una manera articulada que provoque algún tipo de cambio. De todas maneras, ser insultado y confrontado por la ciudadanía no es poca cosa, es una deshonra para cualquier político; pero, como la conchudez los habita parece que no se les mueve un pelo.
Escrito por
Escritor y periodista peruano. Magister en Literatura Hispanoamericana. Autor de novelas y libros de investigación y ensayo.