No saben con quién se están enfrentando
Christian Reynoso
“No saben con quién se están enfrentando, los vamos a perseguir en todas las instancias, vamos a averiguar todo sobre ellos…”, dice, o más bien amenaza, Alfredo Barnechea, a los miembros del Jurado Nacional de Elecciones, tras enterarse que esta instancia ha dejado fuera de la contienda electoral a Acción Popular, del cual es (era) candidato. Barnechea se ha ausentado por un momento de un matrimonio para dar estas declaraciones a un medio local. Sábado por la tarde.
Recuerda un poco la pataleta de Keiko Fujimori cuando no aceptó los resultados de su derrota ante Pedro Castillo e inició una campaña obstruccionista que puso en vilo al país hasta que se constataron los resultados en los que, en efecto, ella había perdido. Barnechea a su turno, y seguramente luego del matrimonio, ha pedido disculpas al JNE, pero ha añadido que no recuerda lo que dijo. Lo que resulta absurdo o insinsero, cuando puede escuchar sus propias declaraciones haciendo un click.
El asunto de fondo, en este juego de palabras y modos, es en realidad cómo nos percibimos y definimos, lo que, desde luego, se expresa mediante el lenguaje como si fuera un espejo. Hay prepotencia, y un coraje entendible, pero también hay una forma de empoderamiento que, por alguna razón, permite (le permite a Barnechea) ningunear a los demás y, en este caso, no aceptar la decisión de una institución. Pero una cosa es no aceptar y otra amenazar, y en política eso cuenta mucho más. Lo mismo pasó con su famoso rechazo al pan con chicharrón.
Pero esto es de todos los días en el Perú. El famoso: “No sabes quién soy”, “no sabes con quién te estás metiendo”, “no sabes con quién estás hablando” y sus derivados. Lo vemos en el mercado, en el supermercado, en el transporte, en el bar, en el concierto, etcétera, etcétera, en distintos niveles. El cholo choleando al cholo. El color sobre el color. Una forma de sentirse superior frente al otro, una forma de distanciarse del otro y enrostrarle un poder declarativo que tiene más de vacuo que de verdad, y que adquiere grosor si, para peor, se agacha la cabeza.
Escrito por
Escritor y periodista peruano. Magister en Literatura Hispanoamericana. Autor de novelas y libros de investigación y ensayo.