Ring presidencial
Christian Reynoso
Parece que lo que ha quedado del primer debate presidencial como hecho más visible es la tunda que ha dado el candidato Popi Olivera al candidato César Acuña. Por lo menos es lo que más se comenta en las redes sociales. Olivera, entusiasta cuestionador, tiene maña para el combate y sabe cómo arredrar a sus oponentes. Acuña ha respondido luego que lo denunciará por difamación. Bueno, no se puede esperar más, es parte del circo. Ni Olivera ni Acuña son relevantes en el escenario electoral de hoy, de acuerdo con las encuestas. Ambos llevan postulando en repetidas oportunidades sin ningún éxito.
Más allá de lo anecdótico, lo realmente importante del debate se ha perdido en la verborrea, la fantasía y los ataques, es decir, más de lo mismo en la lógica de la política chata que se practica y a la que ya estamos acostumbrados en el Perú. En ese sentido, no creo que, al margen del circo, al elector le sirva mucho el debate para la toma de una decisión. Además de lo aburrido y cansador que puede resultar escuchar a los candidatos, en verdad, no han dicho nada o lo que han dicho no ha aterrizado en nada. Y eso es una señal de que estamos perdidos en el horizonte.
Un sinfín de propuestas solo declarativas sobre los temas que merecen ser atendidos en el país; generalizaciones sin nada en concreto; ausencia de cómo esas propuestas se van a efectivizar y cómo podrán ser además las más acertadas, por ejemplo, en cuanto al tema de la inseguridad ciudadana. Tema este que ya es un mochilón duro de cargar sin que nadie hasta hoy encuentre una forma de política real para combatir este lastre que cada día deja muertos, sangre e impunidad. Desde luego, no todo se puede reducir a la delincuencia. Salud, educación, corrupción, entre tantos otros temas merecen también atención.
Este primer debate que ha tenido a once de los treintaiséis candidatos, entre los que se cuentan los más visibles, a excepción de la candidata Keiko Fujimori, redunda en la inutilidad, pero supongo que es parte de la “fiesta electoral” a la que debemos someternos como ciudadanos. Los próximos debates con otros tantos candidatos serán muy parecidos o aún menos interesantes. No hay vuelta que dar. Tal vez más útil sería sincerar la lógica del debate en el modelo de un ring de box, si no lo es ya. Los golpes se sienten, los derechazos vibran, las mejillas reciben, los golpes bajos se filtran así que estén prohibidos. Como dicen: golpe avisa.
Escrito por
Escritor y periodista peruano. Magister en Literatura Hispanoamericana. Autor de novelas y libros de investigación y ensayo.