Servidumbre
Christian Reynoso
La servidumbre política en el Perú puede llegar a extremos delirantes sin que haya un ápice de vergüenza o por lo menos de rubor entre quienes la ejercen, de tal manera que esta servidumbre deviene en vasallaje, sometimiento, yugo. En un término más criollo, en arrastrados ganapanes. Lo hemos visto todo el tiempo en funcionarios y políticos del Congreso de la República y del Ejecutivo, quienes en no pocas ocasiones han salido a defender lo indefendible, traicionando el sentido común, lo razonable, lo ético y lo moral, a costa de salvaguardar sus puestos y sueldos.
El caso más reciente es el de Renzo Reggiardo, el actual alcalde de Lima, quien parece haberse convertido en el más eficiente servil empleado de López Aliaga, de quien recibió la alcaldía en su calidad de teniente alcalde, cuando este decidió postular a la presidencia. Reggiardo no pudo ganar este puesto cuando compitió en elecciones en 2018. Pero ahora resulta que, a nombre y defensa de los ciudadanos de Lima, según dice, ha presentado una demanda ante el Tribunal Constitucional en contra del JNE por las irregularidades en el proceso electoral. ¿De cuándo aquí un alcalde en funciones mete las narices en un proceso electoral en marcha?
Desde luego, Reggiardo no está haciendo nada más que maniobras políticas, más que legales, para petardear el proceso electoral en el que ―parece ya ser una certeza―, su jefe López Aliaga quedará fuera, sin acceder a la segunda vuelta. Reggiardo, en vez de apostar por un liderazgo propio en correspondencia con el trabajo edil que le corresponde con Lima, se quema al igual que López Aliaga, quien ejerció una gestión mamarracho al mando de la alcaldía y dejó a Lima en el abandono, porque su prioridad siempre fue la candidatura a la presidencia, que felizmente, esperemos, le será adversa.
Reggiardo podría no ser un tonto útil y debería preocuparse por atender realmente los derechos y necesidades de los limeños, en vez de estar ocupando tiempo y recursos en triquiñuelas. ¿Cuántas cosas se deben mejorar y arreglar en Lima, empezando por las pistas deterioradas y colmadas de baches, la informalidad, el desorden, el tráfico, el transporte caótico, el ruido ambiental, la oferta cultural desigual y sobre todo la delincuencia que sigue siendo el talón de Aquiles sin que se haga nada en serio al respecto? ¿Cuánto hay que hacer por Lima, señor Reggiardo?
Escrito por
Escritor y periodista peruano. Magister en Literatura Hispanoamericana. Autor de novelas y libros de investigación y ensayo.