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Valdelomar y Chincha

Christian Reynoso

Publicado: 2026-08-25

La imagen es precisa y cervecera. La calle Callao en el centro de Chincha, hace unos años. Un barcito con señas de puticlub y música cumbiambera y regetonera, pero también del recuerdo, si se pide. La mesita colmada de cervezas; poetas chinchanos y yo alrededor, después de haber presentado “El espejo mentiroso”, libro del decimista coyungano Raúl Barbagelata, quien, por su parte, ante los peligros sensuales de la noche, ha preferido irse a dormir. El centro chinchano está en ebullición y nosotros, allí. Hoy, la calle Callao está más minifaldera que entonces, me cuentan.

Ya no es la Chincha de las primeras décadas del 1900, aquella en la que Abraham Valdelomar vivió de adolescente y conoció muy bien, tal como lo ha escrito y documentado de manera rigurosa Víctor Salazar Yerén, en su más reciente libro “Valdelomar en Chincha” (El Conde Plebeyo, Biblioteca Abraham Valdelomar, 2026), con el propósito de posicionar a esta provincia iqueña de diversas coordenadas culturales en el imaginario de la obra de Valdelomar, además de mapear referencias importantes en la línea de tiempo de su biografía.

Caminamos con Valdelomar por aquella Chincha, a la que su familia se ha mudado en 1899. Un año después, Valdelomar de 12 años se va a Lima para seguir estudios escolares y luego los universitarios, pero vuelve a Chincha durante las vacaciones. Es también tiempo de descubrimientos y de definición de convicciones. Se va decantando por la caricatura, la expresión en la que siente que puede decir cosas mediante la forma y el trazo. Firma sus caricaturas como “Omar del Val”, las cuales empiezan a publicarse en revistas de Lima. Aparece luego la magia de la palabra. En Chincha, durante el verano de 1906, escribe “Eternal”, el que será uno de sus primeros poemas publicados, en el que dice: “… siempre saldrá el sol… siga la lucha de los hombres… siempre en medio brillará el amor!”.

En 1911, publica de manera serial “La ciudad muerta”, novela corta ambientada en la ciudad “C”, en la que se puede rastrear lugares de Chincha como las ruinas de la Villa de Almagro y el puerto de Tambo de Mora, de fuerte flujo migratorio. En 1913, al publicar su afamado cuento “El Caballero Carmelo”, hace mención a los frijoles colados de Chincha Baja. De esta manera, hay una conexión especial entre Valdelomar y Chincha en esta etapa marcada por la nostalgia, pero ya Valdelomar está trazando su camino en Lima y pronto será el Conde de Lemos. En agosto de 1919 llega a Chincha como escritor consagrado para dar una conferencia en el Teatro Municipal. En noviembre morirá en Ayacucho. Nunca llegó a conocer la calle Callao del Chincha de hoy.


Escrito por

Christian Reynoso

Escritor y periodista peruano. Magister en Literatura Hispanoamericana. Autor de novelas y libros de investigación y ensayo.


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