¡Y a ti qué te importa!
Christian Reynoso
La esquina del jirón Lampa con la avenida La Torre, en Puno, es una zona de alto tránsito vehicular y peatonal. No solo vehículos particulares sino de transporte público. El jirón Lampa es de doble sentido y apenas tiene espacio para dos hileras de autos; la avenida La Torre es más ancha. Los autos doblan desde La Torre hacia Lampa. Y de Lampa a La Torre también, tanto a la derecha como a la izquierda como de frente. Los peatones deben hacer malabares para cruzar. No hay semáforo y no suele haber policía de tránsito. En suma, un cruce difícil para autos y peatones.
La camioneta de placa Z5W-375 lleva más de veinte minutos estacionada en la bocacalle de Lampa con La Torre. Es ilegal. La línea amarrilla pintada en el borde de la vereda indica que ahí no se puede estacionar, como lo sabe cualquier conductor respetuoso de las leyes de tránsito. Lleva las luces traseras encendidas en señal de espera, pero no hay nadie en su interior. Desde luego, es tolerable un momento, siempre y cuando el conductor esté dentro del vehículo, pero esta camioneta lleva más de veinte minutos. De pronto, aparece el conductor, un hombre de cerca de sesenta años, quien sale de una lavandería, cargando buen número de bultos que empieza a acomodar en la maletera.
Me acerco y le digo que no debería estar estacionado allí tanto tiempo, que está produciendo un cuello de botella terrible; que hace unos momentos una combi por sortear su vehículo casi choca con un auto que doblaba de La Torre; que está obstruyendo el tráfico en esa zona que además es paradero de combis; que debe estacionar su auto en otro lado. Me escucha y me dice: «¡Y a ti qué te importa!», con toda la concha de alguien que se zurra en las leyes de tránsito. «¿Qué?», le respondo y le vuelto a dar los argumentos. «Ojalá aparezca un policía de tránsito», añado. Entonces se me acerca un tanto bravucón y me dice que me calle, que me vaya, y me insulta. Utiliza frases racistas (se vale de mi barba); y dice que llame a quien sea, que a él en Puno todos lo conocen.
Como no tolero sus insultos, también lo insulto, y me importa un pepino que todos lo conozcan en Puno, como si eso fuera qué. Con el alboroto sale una mujer de la lavandería (¿su mujer, su socia?), y ahora son dos contra uno. La mujer saca su celular y empieza a filmarme, repitiendo lo mismo: que a mí que me importa, y me acusa de racista. Cree que me va a intimidar con su celular. Yo también saco el mío y filmo y tomo fotos y les digo que pueden decirme lo que quieran, pero que el hombre está cometiendo una infracción y generando un problema en el tráfico. No hay más. La mujer me empuja, me agrede, y sigue hablando (todo lo tengo registrado). La mujer responde al nombre de Natividad Cuno Quispe y es la dueña de la camioneta Z5W-375, según Sunarp. Mientras esto sucede el hombre ha dado alcance a un efectivo policial que está por ahí de casualidad, en una esquina próxima. Yo le hago señas al policía para que se acerque y le explico lo sucedido. El hombre también lo hace, pero dice falsedades. En fin. Es un joven policía que no parece tener mucha autoridad y que también parece desconocer las leyes de tránsito. Me doy cuenta que todo esto es por gusto. Entiendo que seguirán haciendo lo que les venga en gana. Y me voy.
Escrito por
Escritor y periodista peruano. Magister en Literatura Hispanoamericana. Autor de novelas y libros de investigación y ensayo.